Durante los días de calor extremo prestamos especial atención a la hidratación y a las horas de paseo. Sin embargo, existe otro riesgo que puede pasar más desapercibido: la temperatura que alcanzan el asfalto, las baldosas, el hormigón o la arena.
Las almohadillas del perro están preparadas para caminar sobre diferentes terrenos, pero no son inmunes al calor. Una exposición prolongada a superficies demasiado calientes puede causar irritación, dolor, grietas o quemaduras.
Por eso, proteger las almohadillas de tu perro del calor debe formar parte de cualquier rutina de prevención durante el verano, junto con la adaptación del ejercicio, el acceso a agua fresca y la observación de su estado general.
Por qué sufren las almohadillas del perro en verano
Las almohadillas plantares amortiguan el impacto, proporcionan adherencia y protegen las patas frente al contacto con el terreno. Aun así, su resistencia tiene un límite.
Durante las horas de mayor radiación solar, las superficies urbanas absorben y acumulan calor. Además, pueden seguir calientes durante varias horas después de que la temperatura ambiente haya empezado a descender.
La Organización Colegial Veterinaria de España señala que las quemaduras y el agrietamiento de las almohadillas se encuentran entre las consultas evitables más habituales durante los meses de verano. Los colegios veterinarios también recuerdan que los perros caminan directamente sobre estas superficies, sin ninguna protección equivalente al calzado que utilizamos las personas.
Un perro que empieza a caminar más despacio, levanta repetidamente las patas, se detiene o busca césped y zonas de sombra puede estar indicando que el suelo le resulta incómodo o doloroso.
Estas señales no deben interpretarse simplemente como falta de ganas de caminar. En condiciones de calor extremo, conviene detenerse, comprobar la superficie y valorar si es necesario modificar o finalizar el paseo.
Cómo proteger las almohadillas de tu perro durante los paseos
Los paseos siguen siendo necesarios durante el verano, pero no siempre pueden mantenerse con la misma duración, recorrido o intensidad.
Antes de salir, es recomendable valorar las condiciones reales del entorno y las características individuales del perro.
Elige las horas más frescas
Las primeras horas de la mañana suelen ofrecer mejores condiciones, ya que el suelo todavía no ha acumulado todo el calor del día.
El atardecer puede ser otra opción, pero no debemos guiarnos únicamente por la temperatura del aire. Después de varias horas de exposición solar, el asfalto y otras superficies pueden conservar una temperatura elevada.
Los colegios veterinarios españoles recomiendan evitar las horas de mayor calor, pasear por zonas de sombra y reducir el ejercicio durante los episodios de altas temperaturas.
En días especialmente extremos puede ser preferible realizar salidas breves para cubrir las necesidades fisiológicas y sustituir temporalmente el paseo largo por actividades más tranquilas.
Prioriza recorridos con sombra, tierra o césped
Siempre que sea posible, elige caminos con sombra y superficies naturales. La tierra y el césped suelen resultar más confortables para las patas que el hormigón, las baldosas o el asfalto expuestos directamente al sol.
También conviene prestar atención a la arena de la playa. Aunque se relacione con un entorno refrescante, puede calentarse mucho y resultar incómoda para las almohadillas.
El recorrido debe valorarse en conjunto. Además del calor, hay que observar la posible presencia de espigas, cristales, piedras cortantes u otros elementos que puedan provocar lesiones o quedar atrapados entre los dedos.
Comprueba el suelo antes de empezar
Una comprobación orientativa consiste en apoyar la mano o el pie descalzo sobre la superficie durante varios segundos. Si resulta demasiado caliente o incómodo, no debería considerarse una superficie adecuada para un paseo prolongado.
Esta prueba no sustituye una medición de temperatura ni garantiza que el terreno sea seguro para todos los perros. Debe complementarse observando el comportamiento del animal durante todo el recorrido.
Cada perro puede mostrar una tolerancia diferente según su edad, estado físico, peso, tipo de actividad, estado previo de las almohadillas y posibles patologías.
Cuidado de las almohadillas después del paseo
Al regresar a casa, dedicar unos minutos a revisar las patas puede ayudar a detectar una alteración antes de que empeore.
No es necesario realizar una inspección compleja. Basta con observar la superficie de las almohadillas y los espacios situados entre los dedos.
Conviene prestar atención a la aparición de:
- Enrojecimiento o inflamación.
- Grietas, erosiones o heridas.
- Ampollas o cambios en la superficie.
- Dolor al tocar la pata.
- Cojera o cambios en la forma de caminar.
- Lamido insistente.
- Restos de arena, tierra o cuerpos extraños.
Después de caminar por la playa, es recomendable retirar los restos de arena y sal, ya que pueden favorecer la sequedad, el picor y la irritación de la piel. Así lo recuerda también el Colegio Oficial de Veterinarios de Valencia en sus recomendaciones para las actividades estivales con perros.
Si existe una quemadura visible, una herida abierta, una ampolla, dolor intenso o cojera persistente, debe suspenderse la actividad y consultarse con un profesional veterinario. No es recomendable aplicar cremas, pomadas o medicamentos de uso humano sin indicación veterinaria.
Perros y altas temperaturas: el riesgo no está solo en el suelo
El cuidado de las almohadillas es importante, pero forma parte de una prevención más amplia.
La temperatura ambiental, la humedad, la exposición directa al sol, la ventilación, la duración del ejercicio y las características individuales del perro influyen en su capacidad para regular la temperatura corporal.
La evidencia recogida por el programa veterinario VetCompass identifica el ejercicio como uno de los principales desencadenantes de enfermedad relacionada con el calor en perros. También señala que factores como la edad, el peso corporal, la conformación braquicéfala y determinadas condiciones de salud pueden incrementar el riesgo.
Por este motivo, no existe una única temperatura que resulte segura para todos los perros. La actividad debe adaptarse tanto a las condiciones ambientales como al individuo.
Los colegios veterinarios españoles recomiendan observar especialmente la respiración, el estado de la lengua, el nivel de decaimiento y la coordinación del perro. Un jadeo excesivo, dificultad respiratoria, debilidad, desorientación, vómitos, diarrea o colapso pueden indicar un problema relacionado con el calor. Ante estos síntomas, es necesario trasladar al perro a un lugar fresco y contactar inmediatamente con un centro veterinario.
Cómo adaptar la actividad de tu perro en días de calor extremo
Reducir la duración de un paseo no significa que el perro deba quedarse sin actividad física o mental.
Durante las horas más calurosas se pueden introducir propuestas de enriquecimiento que permitan mantenerlo activo sin exponerlo a superficies calientes ni a un ejercicio demasiado intenso.
Algunas alternativas son:
- Juegos de búsqueda y olfato.
- Juguetes rellenables.
- Sesiones breves de entrenamiento.
- Ejercicios de autocontrol.
- Actividades de lamido o masticación adecuadas.
- Búsqueda de pequeñas porciones de alimento.
- Juegos para perros en casa.
Estas actividades también deben adaptarse a la temperatura interior. Una habitación cerrada, expuesta al sol o mal ventilada puede acumular mucho calor. El perro debe disponer de agua fresca, zonas de descanso, sombra y un espacio suficientemente ventilado.
En condiciones extremas, incluso los perros que permanecen en casa o descansan en el jardín pueden tener dificultades para disipar el calor. Los animales braquicéfalos, sénior, con sobrepeso o con problemas respiratorios o cardiovasculares requieren una vigilancia especialmente cuidadosa.
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Juegos en el agua durante el verano
Cuando existe acceso a un entorno autorizado, controlado y seguro, los juegos en el agua pueden ser una alternativa a las actividades realizadas sobre superficies calientes.
Una playa para perros, una piscina adaptada o una zona de baño permitida ofrecen nuevas posibilidades de juego compartido. Sin embargo, estar dentro del agua no elimina todos los riesgos asociados al calor.
También es necesario controlar:
- La duración y la intensidad de la actividad.
- La capacidad de natación del perro.
- Las corrientes y la profundidad.
- Las condiciones y la calidad del agua.
- La temperatura ambiental.
- Los signos de cansancio.
- La posible ingestión excesiva de agua.
- La temperatura de la arena o del acceso a la zona de baño.
Los juguetes flotantes ayudan a localizar el objeto y permiten plantear ejercicios de lanzamiento y recogida en entornos acuáticos.
TriWater está diseñado específicamente para este tipo de actividades: es un juguete flotante que permite compartir sesiones de juego en el agua y proponer una alternativa a los paseos largos durante el verano.
Como cualquier juguete, debe utilizarse siempre bajo supervisión. La actividad debe ajustarse a la edad, condición física, experiencia y capacidad de natación del perro, incorporando pausas frecuentes y evitando sesiones excesivamente intensas.
Pequeños cambios para un verano más seguro
Proteger las almohadillas de tu perro del calor no requiere cambiar por completo vuestra rutina. En muchos casos, la prevención se basa en tomar algunas decisiones antes de salir:
- Consultar las condiciones meteorológicas.
- Evitar las horas de mayor temperatura.
- Comprobar el estado del suelo.
- Elegir recorridos con sombra y superficies más amables.
- Reducir la duración o la intensidad del paseo.
- Llevar agua durante las salidas.
- Observar las señales del perro.
- Revisar sus patas al regresar.
- Introducir juegos en casa o actividades acuáticas seguras.
Cada perro responde de manera diferente al calor. Observar su comportamiento y adaptar las actividades a sus necesidades es una de las formas más efectivas de proteger su bienestar.
Cuando las condiciones exteriores no son adecuadas, un paseo más corto puede abrir la puerta a otras formas de disfrutar juntos: juegos de olfato, juguetes interactivos, actividades tranquilas en casa o propuestas refrescantes en el agua.
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